El hartazgo

Un eco recorre todo México. Es el eco de la impotencia, del miedo, de la rabia contenida, del ya basta. Hoy el hartazgo se debió por la violencia usada contra el magisterio de Oaxaca el pasado domingo (http://goo.gl/1RmPiz), pero pudo ser cualquier otra situación en la que los derechos civiles se hubieran visto violentados para que la gente saliera a protestar y mostrar su molestia hacia los que gobiernan el país. El sexenio de Peña Nieto se caracterizará por la mano dura y la imposición de unas reformas que solo benefician a unos cuantos. Atrás quedará un gobierno odiado por una gran parte de la población. Es el sexenio de las marchas y del hartazgo. Solo no debemos olvidarlo; que sirva esto como una voz de la conciencia para no repetir los mismo errores del pasado.

Road to Colima

Todos nos citamos a las 10 am en av. los Arcos, sin embargo cuando llegué solo estaba Vampi esperando con sus platillos y su mochila bajo un sol mañanero nada indulgente. Nos saludamos y le pregunté por los demás. No sabía mucho, solo que Javi apenas había ido por la Van y que llegaría aproximadamente en 30 minutos. La verdad me lo esperaba, hay una hermandad sospechosa entre el punk y la impuntualidad.

Poco a poco fueron llegando los demás, en la semana estuve platicando con Javi y me comentó que posiblemente se cancelaría ese pedo porque no había podido conseguir camioneta. Finalmente me confirmó que se armaría unos 2 días antes. Para cuando llegó la camioneta ya daban las 11 am. Al ver el artefacto en el que viajaríamos dudé que fuera a ser un viaje placentero. Javier se mostraba molesto, al parecer le habían prometido otra cosa: una Van para 12 personas, limpia, revisada y no esa chatarra para 8 en donde al parecer, por lo que se veía en el interior, habían vivido unos gitanos algunos cuántos años.

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La chatarra que nos llevaría a Colima

Para ese momento, nuestro principal problema no era el tiempo, sino algunos otros: primero, no estábamos seguros que en ese vejestorio llegaríamos; segundo, al parecer no éramos menos de 8, todo apuntaba a 12 campeones del tarro; tercero, a Vampi se le ocurrió olvidar su dinero y quería que regresaramos; cuarto, Dui se había estresado y se andaba peleando con Ramón por querer manejar; quinto, eran las 11 30 y el hermano de Javier aún no llegaba.

Finalmente salimos por ahí de las 12. El plan era llegar primero a Tecomán ya que era lo más económico y rápido. Ahí estaríamos unas cuantas horas disfrutando la playa y el sol a lo Luis Miguel. Chaba la hizo de copiloto, su aspecto bonachón de abuelo de Heidi eran aptos para el puesto, ya que al volante se fueron intercalando Dui y Ramón que de Fernando Alonso tenían poco.

Dicen que en el mar la vida es más sabrosa. Y la verdad que depende, si eres un individuo acomplejado que no le gusta mostrar sus senos así nomás por pura pudicia, que el calor húmedo le caga y que además tiene cierta alergia al agua salada, pues la vida en el mar sería muy difícil, para nada disfrutable. Por eso me refugié bajo una palapa y me hidrate con unas caguamas. Todos los demás fueron a echarse un baño al mar a pesar de la bandera roja por lo turbio de la corriente. El calor y el alcohol hicieron mella en mi espíritu y para ese entonces ya estaba citando a Hegel en una charla sobre filosofía con Ramón, en vez de estar gozando del agua.

Se dieron las 6 30 y nos dimos a la fuga hacía Colima. El show empezaría a las 7, pero se sobreentendía que eso significaba al menos una hora después. Finalmente llegamos al bar y dejamos las cosas, aún estaba vacío y ya eran como las 8. Eso nos dio tiempo para dar un rol por la plaza. La verdad es que las calles de Colima estaban muy concurridas, hacía un buen fresco y una calma a la que no se está acostumbrado en Guadalajara. Nos sentamos y tomamos algunas cervezas y platicamos sobre nuestras expectativas de la noche, las cuales no es que estuvieran muy altas ya que era la primera salida de Artless, que si bien todos sus miembros eran conocidos por la comunidad punkie de Colima, seguramente ninguno había escuchado el ritmo de los artlessianos. Nosotros esperábamos gozar del sabor de Sheer Mag, que yo nunca había escuchado hasta antes del evento.

Regresamos al bar y ya estaba tocando la primera banda. La verdad es que me sorprendí de la gente que había en el lugar. Münchner Hell armó el bailongo y yo saqué mi cámara e hice lo mío. Después siguieron los Artless. Dui tomó la guitarra y se transformó en otro individuo, daba la sensación que en ese momento y no en la playa, gozaba la vida cada vez que rasgaba el instrumento. Jorge se deshacía la voz, Javi se aplicaba y se mostraba bien concentrado. El Ramón parecía una madre acurrucando a su niño mientras daba sus cuerdazos al bajo. Era normal que los colimenses estuvieran expectantes, aunque no hubo bailongo, algunos movían las cabezas, otros mejor tomaban cervezas, y bueno, creo que había sido un buen show para Artless para ser su primera visita.

Para cuando Sheer Mag salió al escenario, todo el público disperso se reunió al frente. Comenzaron los primeros compases y al ritmo de la voz de la cantante, de las guitarras y los tarolazos, las caderas y los cuellos del público se aflojaron. Leí en una revista que Sheer Mag es una de las bandas revelación del año. Yo no sé mucho de terminología musical, pero sus ritmos no son el típico punk tupa tupa al que estoy acostumbrado, aún así y viendo a todos bailar, el cuerpo comenzó a moverse a cada berrido de la cantante. Había una chica que bailaba muy sensualmente en el público, parecía también gozar la vida. La gente de Colima estuvo espectacular y también los de Sheer Mag. La noche avanzó y el show terminó. Nos esperaba una larga noche y un regreso incierto por la chatarra en la que habíamos llegado. Pero eso ya no importa tanto.

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Ciudad del Sol

Una de las colonias donde se estableció la clase media alta de la Zona Metropolitana de Guadalajara retomó motivos prehispánicos como parte de su identidad: La llamada colonia Ciudad del Sol hace clara referencia a la gran urbe del Imperio Azteca que maravilló a los españoles que llegaron a México allá por el 1518: Tenochtitlan. Los motivos son varios, siendo principalmente el nombre de las calles y las esculturas que adornan los jardines, así como una imitación a escala de la pirámide del sol de Teotihuacan (CDMX).

 

14 de febrero, el amor y su retórica vacía

 

I don’t wanna be in love with you 
Love is a waste of my time
Don’t waste my time cause I’ve got better things to do
To you love is just games and
Googly eyeed teen romance
That’s why I don’t wanna be in love with you
I don’t wanna think about you everyday

“Love”, Screeching Waesels

Los 14 de febrero el paisaje cotidiano está inundado de color rosa. Los puestos de flores están atiborrados de gente comprando ramos. En los semáforos te atacan legiones de vendedores ambulantes con peluches y rosas. Los moteles te ofrecen un descuento especial en la suite con jacuzzi. Las plazas comerciales son un expendio de globos en forma de corazón. Por las calles caminan parejas acarameladas bien agarradas de la mano. En los camiones la estación que suena en la radio es Fórmula Melódica. En la televisión se programa Titanic en horario estelar. En Facebook todos mis amigos suben fotos con sus parejas presumiendo sus regalos y declarándose públicamente amor eterno. En fin, es el día más nauseabundo de los 365 días que tiene el año: se celebra el amor (y la amistad, aunque esta última se festeja porque no todos tienen la suerte de contar con una media naranja).

No solo nuestras sociedades modernas han celebrado tal sentimiento (pero quizá sí es la única que ha lucrado tanto). El amor ha sido desde la antigüedad un tema muy importante de las preocupaciones humanas. Siempre evocado, muchas veces aplaudido, éste ha sido comúnmente representado en el arte como el sentimiento más noble, aquel que “mueve montañas” para estar con el ser amado; aquel que, en palabras de Platón, “nos mantiene en armonía entre la esfera humana y la divina (…) el lazo que une el gran todo”[1].  Sin embargo, hay una cara del amor a la que se pone poca atención: su retórica vacía.

El principal obstáculo con el que nos topamos todos los amantes cuando nos embarcamos en ese crucero de penurias estriba en el lenguaje: ¿Cómo hacerle entender a alguien cuánto lo amamos? En la literatura, la novela de Madame Bovary es quizá una de las mayores críticas a la idealización de la pasión romántica. En ésta, la protagonista se convierte en una especie de Quijote que se imagina ser una heroína como las que describen sus libros de literatura romántica. Madame Bovary no pelea con molinos de viento, sino con su monótona vida conyugal en la que el amor es todo menos como lo pintan los libros sobre príncipes azules y banquetes de gala en lujosos castillos. Al igual que el Quijote, Madame Bovary busca arrancarse de esa realidad poco novelesca adoptando la retórica usada en los diálogos de sus libros. El amor a primera vista que resulta de su encuentro con Rodolphe Bolagner no se debe tanto a un verdadero enamoramiento físico-intelectual (comúnmente conocido como flechazo), sino a las aventuras leídas sobre las protagonistas de sus novelas. La pasión de Madame Bovary es solo una imitación de sus modelos literarios. Rodolphe se convierte en la salida de esa aburrida realidad conyugal que ahoga la existencia de la dama. Una vez consumado el acto adultero, Madame Bovary, pensándose una heroína romántica, hace saber cuánto ama a Rodolphe. ¿Cuántos de nosotros no habremos repetido una por una las frases de Madame Bovary después del primer beso o de haber intimado con el ser amado?

“—¡Oh!, ¡es que te quiero! —replicaba ella—, te quiero tanto que no puedo estar sin ti, ¿lo sabes bien? A veces tengo ganas de volver a verte y todas las cóleras del amor me desgarran. Me pregunto: ¿Dónde está? ¿Acaso está hablando con otras mujeres? Ellas le sonríen, él se acerca. ¡Oh, no!, ¿verdad que ninguna te gusta? Las hay más bonitas; ¡pero yo sé amar mejor! ¡Soy tu esclava y tu concubina! ¡Tú eres mi rey, mi ídolo! ¡Eres bueno! ¡Eres guapo! ¡Eres inteligente! ¡Eres fuerte!”[2]

Madame Bovary (y cualquier enamorado), ardiendo por la pasión (y las hormonas), hiperboliza su mensaje ante las dificultades de encontrar palabras o expresiones apropiadas para transmitir su sentimiento: “¡Oh!, ¡Es que te quiero tanto que no puedo estar sin ti!”, “todas las cóleras del amor me desgarran”, “¡Tú eres mi rey!”, “¡Soy tu esclava!”. Son frecuentes el uso de este tipo de hipérboles en los enamorados en las que se alude a la necesidad de tener al ser amado como posibilidad de existencia o en las que éste llena el vacío existencial. Expresar que morimos sin él o ella, o que su existencia nos gobierna, aseguran en un alto porcentaje el éxito de poseer el objeto de nuestro amor.

Esta concepción ontológica del Eros mama sin duda de la ubre platónica. Para Platón, “amar lo bello es desear apropiárselo y poseerlo siempre para ser dichoso”[3]. Detrás del discurso romántico occidental subyace la idea presentada por Aristófanes en el Banquete. Platón, en boca del dramaturgo, expone un mito en el que intenta explicar el porqué “el amor es el deseo de encontrar esa mitad que nos falta”, sin la cual nuestra existencia está incompleta.

 

En uno de los pasajes más interesantes de Madame Bovary, Flaubert desnuda ese romanticismo meloso-platónico sobre el cual Hollywood y Disney han sabido construir su imperio. Obnubilados por Eros, todos los amantes revisten, pues, su discurso con un lenguaje falto de contenido y alejado de todo referente que se desvela una vez que se va enfriando la pasión:

“Emma se parecía a todas las amantes; y el encanto de la novedad, cayendo poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje. Aquel hombre con tanta práctica no distinguía la diferencia de los sentimientos bajo la igualdad de las expresiones. Porque labios libertinos o venales le habían murmurado frases semejantes, no creía sino débilmente en el candor de las mismas; había que rebajar, pensaba él, los discursos exagerados que ocultan afectos mediocres; como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas.”

Es así como surgen, en ese intento por transmitir lo imposible de nombrar, la poesía y el lenguaje figurado. La poeta alemana, Bettina von Arnim, en una referencia sobre la locura de Hölderlin, alude a este surgimiento del lenguaje poético a partir de la imposibilidad de expresarse por otro medio:

“Solamente cuando el pensamiento se ve en la imposibilidad de expresarse por otro medio que no sea el ritmo, cuando el ritmo se convierte en el único y solo modo de expresión, solamente entonces hay poesía…[4]

Sin embargo, la crítica de Flaubert no va contra toda poética, sino únicamente contra aquel patetismo romántico de la poesía amorosa provenzal retomada por la burguesía del siglo XIX, la cual “pinta con encendidos ardores cómo el caballero comparte el lecho con su amada”[5]. Para Flaubert, la palabra humana se adorna de tal manera que aparenta transmitir lo sublime cuando en realidad oculta afectos mediocres, como por ejemplo el adulterio perpetrado por Madame Bovary. Así, paradójicamente, es quizá el señor Bovary el que realiza el verdadero acto de amor al soportar a su mujer y no Madame que busca cambiar a ese pobre hombre que le ha dado literalmente todo por una aventura novelesca.

Para los amantes empedernidos un simple te amo no bastara – y más en 14 de febrero -; los tropos del lenguaje y los regalos[6] son el vehículo por el cual se transmitirá la pasión que despierta el ser amado.

Si la retórica sentimentalista de Madame Bovary y su exaltación pasional son moldeadas por la lectura de novelas románticas, en las sociedades modernas son la industria fílmica y musical la encargada de abastecernos de esos modelos – los Luismi, los Elvis, los Rod Stewart, los Billy, los Justin, los Ashton Kutcher, los Dicaprio, y todos los románticos incurables que recitan sus canciones ante millones de espectadores y actúan en pantalla – son los culpables de que las novias, esposas, amantes, novios o esposos exijan comportamientos similares a los de esos personajes. Un ejercicio simple, como una búsqueda por internet de las canciones favoritas de los enamorados, nos mostrará un discurso semejante al de Bovary:

En inglés

She’s got a way (Billy Joel)

“She’s got a way about her, I don’t know what it is, but I know that I can’t live without her…”

Have i told you lately (Rod Stewart)

“… you fill my heart with gladness, take away all my sadness. Ease my troubles, that’s what you do…”

I Can’t Stop Loving You (Elvis Presley)

“I can’t stop loving you (…) So I’ll just live my life In dreams of yesterday (…) They say that time,
heals a broken heart, but time has stood still since we’ve been apart”

Y en español:

El Reloj (Roberto Cantoral)

“Reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer. Ella se ira para siempre cuando amanezca otra vez (…) Reloj detén tu camino, porque mi vida se apaga. Ella es la estrella que alumbra mi ser
Yo sin su amor no soy nada…”

Fiebre de amor (Luis Miguel)

“Tú has causado en mi existir, la más bella sensación sin la cual no se vivir: fiebre de amor”

… es libre de agregar cualquier canción.

Lo mismo pasaría si extrajéramos las tramas y diálogos de las “comedias románticas” (el mal del cine contemporáneo). Me acuerdo de una película que era tan asquerosamente melosa que aún hoy en día tengo pesadillas por las noches, en ellas me encuentro amarrado frente a una pantalla (como Alex DeLarge) viendo eternamente la susodicha película:

P.S. I love you (Richar LaGravenese, 2007)

“Ambientada en Irlanda, se centra en las vidas de Holly y Gerry, quienes eran novios desde el instituto y se sentían como si siempre hubiesen estado juntos. Podían acabar las frases del otro, e incluso cuando discutían, como sobre quién debía salir de la cama para apagar la luz cada noche, todo era tomado con humor. Holly no sabía qué sería de ella sin Gerry.

Gerry fallece por un tumor cerebral. Desde entonces, Holly vive de viuda, sola sin su marido y en shock por la situación y comete algunas locuras (como imaginarse que está con Gerry o que le está hablando). Tres semanas después de su muerte (en el cumpleaños nº 30 de Holly), ella sale de su casa para recoger un misterioso paquete blindado que ha recibido su madre para ella. Cuando lo abre, se encuentra con que Gerry le ha dejado “La Lista”, una serie de cartas con instrucciones para cada mes. Todas van firmadas con “PD: Te amo”.[7]

Ante esta cursilería barata, no hay mucho que hacer; llegado este momento bovariano, la amante derramando lagrimas frente a la pantalla se preguntara si el cretino que tiene al lado haría lo mismo por ella. Una vez puesto el listón demasiado alto, cualquier 14 de febrero y fechas especiales para los enamorados que este exento de sorpresa reforzará la idea de la monotonía dentro de la relación.

Si Platón puso las bases filosóficas del amor, fue el bovarismo el que determinó la forma de expresarnos y comportarnos románticamente. Gracias al capitalismo, que como rey Midas todo convierte en oro, el bovarismo se extendió como enfermedad en las sociedades modernas. Para los amantes, la única forma de entender el amor es a través de regalos y palabras cursis aderezadas por la sorpresa. Como si vivieran dentro de una película o un videoclip musical, los amantes buscan extirparse de la anodina realidad en la que viven con su pareja, y convertirse en los héroes y heroínas de sus cuentos de hadas. Los 14 de febrero son igual de vacíos que las palabras emitidas por Bovary, un día exagerado en todos los sentidos.

Por ello, este mes “dedicado” al amor, retomemos la crítica de Flaubert. El día del amor oculta detrás de todos esos peluches, rosas, globos y regalos, comportamientos mediocres y mezquinos originados por una mimesis colectiva que hollywoodisa nuestro comportamiento.

Para curarnos de este bovarismo es necesario cambiar ciertos rituales románticos. En este mes del amor, usted querido lector, no le regale nada al ser amado, no le repita palabras escuchadas en su canción romántica favorita o leídas en los poemas de Benedetti, no le llene la habitación de pétalos de rosa, no le tapice el auto de post-it, no le lleve al motel, no vean comedias románticas, no haga nada; el amor es algo más sencillo que eso, a veces es simplemente soportar los pedos del que se tiene al lado.

 

 

 

 

[1] Platón, El Banquete (Obras Completas); Ebook, http://www.epulibre.org

[2] Gustav Flaubert, Madame Bovary; Ebook, http://www.epulibre.org

[3] Platón, El Banquete (Obras Completas); Ebook, http://www.epulibre.org

[4] Hölderlin, Poemas de la locura, traducción de Txaro Santoro & José María Álvarez; Ebook, http://www.epulibre.org

[5] Sobre esta cuestión, Engels comenta en El origen de la familia:

“La primera forma del amor sexual aparecida en la historia, el amor sexual como pasión, y por cierto como pasión posible para cualquier hombre (por lo menos, de las clases dominantes), como pasión que es la forma superior de la atracción sexual (lo que constituye precisamente su carácter específico), esa primera forma, el amor caballeresco de la Edad Media, no fue, de ningún modo, amor conyugal. Muy por el contrario, en su forma clásica, entre los provenzales, marcha a toda vela hacia el adulterio, que es cantado por sus poetas. La flor de la poesía amorosa provenzal son las Albas, en alemán Tagelieder (cantos de la alborada). Pintan con encendidos ardores cómo el caballero comparte el lecho de su amada, la mujer de otro, mientras en la calle está apostado un vigilante que lo llama apenas clarea el alba, para que pueda escapar sin ser visto”.

Es así como el amor entendido como la búsqueda por la otra mitad (pasión) se da en un marco todo menos moralmente correcto para la ética occidental.

[6] Precisamente Madame Bovary decide suicidarse por las deudas obtenidas al llenar de regalos a sus amantes.

[7] P.S. I love you (Richard LaGravenese, 2007), Wikipedia

Mundos posibles

Existe un dicho popular que dice que cada cabeza es un mundo; podemos aplicar esta expresión también para la fotografía y parafrasearlo como que “cada imagen es un mundo”.

Efectivamente, cuando el sensor graba la imagen vista y pensada por el ojo del fotógrafo, ésta se vuelve un pequeño mundo del momento capturado. Es la conciencia misma, la pura subjetividad vista a tráves del objetivo, la que queda aprehendida en pixeles. ¿Cuántos mundos posibles no descubre la fotógrafía?

Cazando amaneceres

A casi 3 años practicando fotografía he ido comprendiendo que para lograr buenas tomas hay que ser disciplinado; no es una cuestión de suerte, no basta con traer el equipo y esperar a que algo pase;  hay que buscarlo, debes planificar, imaginar, pensar bien lo que harás.

Me levanté a las 6 de la mañana antes de que el sol hiciera su aparición. Es 29 de diciembre y el frío apenas se comienza a sentir. La noche anterior preparé el equipo: la cámara con un objetivo ojo de pez (8mm) y el tripié. Limpié bien el lente para que el polvo no se trasluciera cuando apuntara hacia el sol y arruinara la foto. Revisé la memoria y batería de la cámara.  Puse la alarma e imaginé las tomas mentalmente. Al final la fotografía es un ejercicio mental: debes ver dentro de ti la imagen que quieres retratar, ello determinara su posibilidad.

Mi intención era cazar algún buen amanecer. Al parecer el alba invernal es el más bello ya que, sea por la temperatura, por el ambiente, o alguna otra causa que desconozco, es cuando se logran tonalidades de color más contrastadas. Hacía algún tiempo que miraba las salidas de sol desde mi ventana, esperaba a tener un tiempo para poder ir a cazar algunas.

Si vives en lugares despejados, lo único que debes hacer es salir y caminar; escojer un buen lugar, preparar el equipo y contemplar la salida del astro. Por el contrario, si la ciudad y el smog no te permiten ver bien el amanecer, tener una bicicleta puede ser una opción.

Al levantarme sabía lo que me esperaba, en mi ciudad los mejores lugares se encuentran en la periferia. Para ello tenía que recorrer unos 30 km. Cuando comencé a pedalear sentí lo helado del aire y lo tieso de mis musculos. Pero poco a poco se fueron calentando hasta hacer placentero el pedaleo. Bici, mochila, cámara y un espirítu de aventura se apodera de mi en cada bocanada de aire.

Por la carretera comienzo a seguir el sol, se esconde tímido entre las nubes:

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No es lo que busco, pero continuo por la carretera. Hay cierto peligro, como en toda aventura. El camino es muy estrecho y transitado a alta velocidad por los vehículos. Un descuido, un mal pedaleo o una caída bastarían para que un camión de carga me hiciera pedazos. Hago pausas, dejo pasar los autos. El sol ya casi sale por completo y no hay mucho tiempo.

El camino que recorro es la carretera a Tlajomulco de Zúñiga y conecta la ciudad con los ranchos y pueblos aledaños que poco a poco están siendo engullidos por el progreso. Este proceso de urbanización produce extrañas escenas de patetismo en las que se entremezclan naturaleza muerta, campos de cultivo, cementerios de chatarra, arroyos de aguas negras y ladrilleras.

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Cansado, la imagen que esperaba se me escapa. Me bajo de la bicicleta y camino un poco decepcionado de que no haya logrado capturar nada. El amanecer se me escapa, pero es así. Como la vida misma, unas veces sale, otras no. A lo lejos sale un trabajador de un paraje. Guardo la cámara, ya que el lugar no es muy seguro y podría ser víctima de un robo. Al pasar por el camino de donde salió el individuo miro lo que vi anoche y otras tantas mañanas cuando contemplaba el sol por mi ventana.

Un campo de cultivo bañado por los rayos de un sol esplendoroso y una sutil niebla que  difumina la luz dorada.

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Rapidamente bajo por el paraje, me planto, saco el tripié, preparo los valores de la cámara: una obturación rápida para lograr un buen efecto a contraluz, enfoque al infinito y una apertura media (f8).

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De nuevo me esperan 30 km de regreso en bici, pero el día de caza estuvo bueno y nada más importa.

El puente Matute Remus.

Hace algunos días participé en una caminata fotográfica, era la segunda en la cual me había inscrito. La primera era mundial, se celebraba en no sé cuántos países. Esta era únicamente local y estaba organizada por una escuela de fotografía. Yo asistí con el pretexto de sacar la cámara a pasear un rato. El lugar elegido para hacer la caminata fue una de las  nuevas “joyas” arquitectónicas preferidas por los tapatíos*; el puente Matute Remus. Para mí no es más que un simple puente atirantado que sirve como paso a desnivel en una de las avenidas más transitadas de la ya caótica Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG). Su particularidad y presunta belleza estriba en dos grandes estructuras en forma de escuadra pintadas de blanco que por las noches se iluminan de diferentes colores dándole un aspecto vanguardista y especialmente atractivo para fotografiarlo.

Llegué temprano a la cita, se nos pidió puntualidad. Rápidamente divisé el punto de reunión, ya que había tres personas con cámaras y tripies en mano; la fiesta frikie era ahí, no me cabía la menor duda. Soy un tipo reservado de inicio, y al cual se le dificulta iniciar una conversación con personas desconocidas, así compartan alguna pasión. Saludé y me senté. Ellos siguieron hablando sobre si era su primera caminata, sobre si sabían usar la cámara, que si habían estudiado fotografía, que no se animaban a salir solos y que les parecía una excelente oportunidad esta experiencia, en fin, se estaban conociendo. Poco a poco el grupo fue creciendo y las charlas motivacionales sobre lo bello de este hobby seguían siendo el trending topig de la conversación del grupo.

Esperando la hora de salir a la caminata.
Esperando a al grupo y a que se diera la hora (click en la imagen para verla mejor).

Como a eso de las ocho de la noche llegó el organizador y nos comentó que iría primero a reconocer el terreno, mientras lo teníamos que esperar. Cuando regresó, nos dio algunas instrucciones para no tener problemas y para que todo se llevara en orden. A las 8:30 pm el sol daba sus últimos suspiros, así que esperamos hasta que se oscureciera para comenzar a apretar el gatillo de nuestros juguetes.

Los últimos suspiros de la luz del sol.
Los últimos suspiros de la luz del sol (click en la imagen para verla mejor).

Los que antes habían hecho amistad hicieron grupo y se fueron juntos a tomar fotos; poco a poco me fui quedando solo, esperando que alguno me hiciera una atenta invitación a unirmele. Pero al parecer la táctica de llegar directamente a sentarme sin comenzar relación alguna no dio buenos resultados. Finalmente el sol desapareció y todos los del grupo también. Me quedé solo analizando un poco lo que haría, por dónde empezaría, cuántas fotos tomaría y cómo las haría. En ese sentido quedarme solo pudo al menos ayudarme a hacer un ejercicio de introspección. Noté que el cielo estaba levemente nublado y pensé que una lluvia jodería todos mis planes, así que me apresuré a realizar las tomas.

Lluvia que ladra no llueve.
Lluvia que ladra no llueve (click en la imagen para verla mejor).

Por fortuna las nubes se desbalagaron, así que comencé. Bajo el puente se pueden lograr tomas espectaculares, ya que su punto de fuga y la danza de colores lo vuelven hipnotizante. En medio del puente hay un pequeño monumento a Matute Ramus, el cual, dicho sea de paso, ha sido el ingeniero más importante que ha parido la perla tapatía* (supongo que por ello es uno de los hijos ilustres de la ciudad). Cuenta la leyenda, y wikipedia, que fue capaz de mover doce metros el solo (la soledad no siempre es mala) un edificio de 1700 toneladas sin que nadie sintiera nada (https://goo.gl/C4iKAI).

Don Matute contemplando el ocaso.
Don Matute contemplando el ocaso (Haz click en la imagen para verla mejor).
Monumento a Matute Remus.
Monumento a Matute Remus (Haz click en la imagen para verla mejor).

La noche dio paso a un espectacular juego de luces. Hice varias tomas y al final resultaron algunas interesantes del puente:

Puente Matute Remus.
Puente Matute Remus (Haz click en la imagen para verla mejor).
Puente Matute Remus (Haz click en la imagen para verla mejor)
Puente Matute Remus (Haz click en la imagen para verla mejor)
Puente Matute Remus (Haz click en la imagen para verla mejor).
Puente Matute Remus (Haz click en la imagen para verla mejor).

La noche avanzaba, y las rutas de camiones estaban por finalizar su jornada. Caminé a la parada del bus, mientras los demás seguían hablando y apretando el botón. En la foto del grupo no aparecería pero me tenía sin cuidado, la mayoría eran individuos pudientes que tenían un auto y no se preocupaban por esperar el camión. Antes de subirme al bus fui a una glorieta cercana y tomé mi última foto.

Exhausto, guardé mis cosas y esperé a que el colectivo pasará. La próxima vez haré amigos.

La estampida (Glorieta de los caballos).
La estampida (Glorieta de los caballos).

Aquí pueden ver toda la galería:

https://www.facebook.com/media/set/set=a.1556501437930060.1073741833.1554043974842473&type=3 __________________________________________________________________

*Tapatío: gentilicio para los habitantes de Guadalajara.

*Perla tapatía: Guadalajara.

El centro.

Casi todos los centros de quizá todas las ciudades son bonitos. En esas pocas excepciones que no lo son creo que se encuentra el centro de mi ciudad, Guadalajara. Cuando era niño, me gustaba ir al centro con mis padres, ahí nos llevaban a los tacos del ahora desaparecido mercado Corona. Comíamos nieves o tomábamos alguna agua fresca; recorríamos el parque Morelos, nos dirigíamos a la Calzada y llegábamos al mercado de San Juan de Dios, imperio del comercio pirata. Mi papá compraba películas, discos; y cuando era diciembre y se llegaba el aguinaldo, me tocaban mis tenis y ropa nueva. Me gustaba ir al centro por un sentido más que nada familiar.

Atardecer en el barrio de San Juan de Dios.
Atardecer en el barrio de San Juan de Dios.
Parque Morelos.
Parque Morelos.

Ahora que soy un grandulón robusto y amargado, no me gusta ir tanto al centro. De todos los centros históricos que he visto, considero al de mi ciudad uno de los mas feos. Los gobiernos en turno se han preocupado poco de este espacio para la ciudadania. Basta darnos una vuelta para corroborarlo: botes llenos de basura que se derrama en las calles, poca iluminación, montónes de puestos informales, caos víal, obras incompletas, banquetas destruidas, edificios antiguos abandonados, más caos vial.

Edificio antiguo y deteriorado sobre la calle Obregón.
Edificio antiguo y deteriorado sobre la calle Obregón.
Ajetreo en las calles del centro.
Ajetreo en las calles del centro.

El centro de Guadalajara, por otro lado, te hace dar cuenta de las diferencias existentes entre los tapatíos. Yendo para el Oeste de la ciudad, pasando el parque Revolución, comienza la parte de Guadalajara de los acomodados, la moderna, la de los grandes centros comerciales, la de Chapultepec, la de los restaurantes, la de los jóvenes, la cosmopolita, la que se convierte en Zapopán. Por el contrario, cruzando hacia el Este, apenas llegamos a la Calzada Independencia, vemos la otra Guadalara, la popular, la olorienta, la antigua, la de los restaurantes chinos y rosticerias, la de los cholos, la de la falluca, la del Estadio Jalisco, la de los mercados, la de ropa de segunda, la de los edificios y casonas caídas.

Una de las avenidas más importantes de la ciudad: La Calzada Independencia.
Una de las avenidas más importantes de la ciudad: La Calzada Independencia.
Calzada Independencia.
Calzada Independencia.
Esperando a que termine el día.
Esperando a que termine el día.
El supermercado de la angustia.
El supermercado de la angustia.
Boleros tomando una pausa.
Boleros tomando una pausa.

Aún recuerdo sin embargo mis recorridos al centro, agarrado de la mano de mis padres. Por momentos quisiera que se hubiera detenido ahí el tiempo, por momentos recuerdo cuánto me gustaba el centro.

Plaza de Armas.
Hospicio Cabañas.
Hospicio Cabañas.
Teatro Degollado.
Teatro Degollado.