Luna de febrero.

En esta última semana ha habido un clima inusual para la ciudad. Frío, aire y lluvia. Una noche salí a caminar. Estaba oscureciendo cuando vi una luna llena posándose sobre mí. Menos mal no había avanzado tanto en mi caminata nocturna. Presuroso regresé al departamento y eché mi cámara a la mochila. Le quité el 50 mm que traía puesto y le puse el objetivo kit 18-135 mm. La belleza de una luna llena cega la cámara a una velocidad de obturación lenta. Es por ello que debes acelerar esa velocidad en la que el obturador abre y cierra; con ello lograrás captar la madriguera del conejo más a detalle. Si haces una exposición larga, por ejemplo 1/5, tendrás una buena foto iluminada pero las luces saldrán quemadas, es decir, zonas sin detalle debido a la cantidad de luz que capta la máquina. También al ojo humano le pasa el mismo fenómeno cuando ve directamente el sol.

Me paré afuera de un estacionamiento de un supermercado, la luna era enorme, colorada. Cuando miré a través del visor pensé en mi pobreza, no siempre se puede tener un telefoto. Me conformé con la distancia focal con la que me pude acercar con el zoom del objetivo kit.

Ni la velocidad de obturación alta puede apagar una luna llena esplendorosa.   f11       1/100
Ni la velocidad de obturación alta puede apagar una luna llena esplendorosa.

Primero hice una toma con los 18 mm que marcaba el aparato (que al final no son 18 mm sino que la distancia focal varia por el recorte debido al tamaño del sensor y esas cosas que no entiendo mucho aún). No me gustó mucho el resultado. A ojo vivo la luna se veía mucho más grande, sin embargo me pareció una buena composición la que se lograba con las lamparás de la calle. Hice una segunda toma, ahora con los 135 mm del objetivo:

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135 mm y el espacio sideral.

El resultado fue mucho más satisfactorio, pero me di cuenta que no podría lograr algo mejor hasta que no tuviera en mis manos un telefoto. Me lamenté nuevamente de mi pobreza. Guardé la cámara, hacía frío y decidí regresar al departamento. Di la vuelta para mirar una vez más aquel espectáculo y me di cuenta de que no necesitaba un objetivo tan caro; ahí estaba ella como coqueteando, como queriendo una foto más. No me lo pensé, saqué la red que captura segundos:

Luna de febrero.
Luna de febrero.

Solo faltaron los murcielagos para que fuera una perfecta escena de una película de terror. Desde hace dos días ha estado lloviendo. Me asomo a la ventana y solo hay nubes. Las noticias han anunciado un clima tempestuoso toda la semana; aquel día por fortuna estaba cerca de mi casa.

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