Road to Colima

Todos nos citamos a las 10 am en av. los Arcos, sin embargo cuando llegué solo estaba Vampi esperando con sus platillos y su mochila bajo un sol mañanero nada indulgente. Nos saludamos y le pregunté por los demás. No sabía mucho, solo que Javi apenas había ido por la Van y que llegaría aproximadamente en 30 minutos. La verdad me lo esperaba, hay una hermandad sospechosa entre el punk y la impuntualidad.

Poco a poco fueron llegando los demás, en la semana estuve platicando con Javi y me comentó que posiblemente se cancelaría ese pedo porque no había podido conseguir camioneta. Finalmente me confirmó que se armaría unos 2 días antes. Para cuando llegó la camioneta ya daban las 11 am. Al ver el artefacto en el que viajaríamos dudé que fuera a ser un viaje placentero. Javier se mostraba molesto, al parecer le habían prometido otra cosa: una Van para 12 personas, limpia, revisada y no esa chatarra para 8 en donde al parecer, por lo que se veía en el interior, habían vivido unos gitanos algunos cuántos años.

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La chatarra que nos llevaría a Colima

Para ese momento, nuestro principal problema no era el tiempo, sino algunos otros: primero, no estábamos seguros que en ese vejestorio llegaríamos; segundo, al parecer no éramos menos de 8, todo apuntaba a 12 campeones del tarro; tercero, a Vampi se le ocurrió olvidar su dinero y quería que regresaramos; cuarto, Dui se había estresado y se andaba peleando con Ramón por querer manejar; quinto, eran las 11 30 y el hermano de Javier aún no llegaba.

Finalmente salimos por ahí de las 12. El plan era llegar primero a Tecomán ya que era lo más económico y rápido. Ahí estaríamos unas cuantas horas disfrutando la playa y el sol a lo Luis Miguel. Chaba la hizo de copiloto, su aspecto bonachón de abuelo de Heidi eran aptos para el puesto, ya que al volante se fueron intercalando Dui y Ramón que de Fernando Alonso tenían poco.

Dicen que en el mar la vida es más sabrosa. Y la verdad que depende, si eres un individuo acomplejado que no le gusta mostrar sus senos así nomás por pura pudicia, que el calor húmedo le caga y que además tiene cierta alergia al agua salada, pues la vida en el mar sería muy difícil, para nada disfrutable. Por eso me refugié bajo una palapa y me hidrate con unas caguamas. Todos los demás fueron a echarse un baño al mar a pesar de la bandera roja por lo turbio de la corriente. El calor y el alcohol hicieron mella en mi espíritu y para ese entonces ya estaba citando a Hegel en una charla sobre filosofía con Ramón, en vez de estar gozando del agua.

Se dieron las 6 30 y nos dimos a la fuga hacía Colima. El show empezaría a las 7, pero se sobreentendía que eso significaba al menos una hora después. Finalmente llegamos al bar y dejamos las cosas, aún estaba vacío y ya eran como las 8. Eso nos dio tiempo para dar un rol por la plaza. La verdad es que las calles de Colima estaban muy concurridas, hacía un buen fresco y una calma a la que no se está acostumbrado en Guadalajara. Nos sentamos y tomamos algunas cervezas y platicamos sobre nuestras expectativas de la noche, las cuales no es que estuvieran muy altas ya que era la primera salida de Artless, que si bien todos sus miembros eran conocidos por la comunidad punkie de Colima, seguramente ninguno había escuchado el ritmo de los artlessianos. Nosotros esperábamos gozar del sabor de Sheer Mag, que yo nunca había escuchado hasta antes del evento.

Regresamos al bar y ya estaba tocando la primera banda. La verdad es que me sorprendí de la gente que había en el lugar. Münchner Hell armó el bailongo y yo saqué mi cámara e hice lo mío. Después siguieron los Artless. Dui tomó la guitarra y se transformó en otro individuo, daba la sensación que en ese momento y no en la playa, gozaba la vida cada vez que rasgaba el instrumento. Jorge se deshacía la voz, Javi se aplicaba y se mostraba bien concentrado. El Ramón parecía una madre acurrucando a su niño mientras daba sus cuerdazos al bajo. Era normal que los colimenses estuvieran expectantes, aunque no hubo bailongo, algunos movían las cabezas, otros mejor tomaban cervezas, y bueno, creo que había sido un buen show para Artless para ser su primera visita.

Para cuando Sheer Mag salió al escenario, todo el público disperso se reunió al frente. Comenzaron los primeros compases y al ritmo de la voz de la cantante, de las guitarras y los tarolazos, las caderas y los cuellos del público se aflojaron. Leí en una revista que Sheer Mag es una de las bandas revelación del año. Yo no sé mucho de terminología musical, pero sus ritmos no son el típico punk tupa tupa al que estoy acostumbrado, aún así y viendo a todos bailar, el cuerpo comenzó a moverse a cada berrido de la cantante. Había una chica que bailaba muy sensualmente en el público, parecía también gozar la vida. La gente de Colima estuvo espectacular y también los de Sheer Mag. La noche avanzó y el show terminó. Nos esperaba una larga noche y un regreso incierto por la chatarra en la que habíamos llegado. Pero eso ya no importa tanto.

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